Lcdo. Gustavo A. Parra R.

Por un mundo de Emprendedores.

Henry Ford

No encuentres la falta, encuentra el remedio.

Steve Jobs

A veces cuando no tienes tiempo, tienes que tomarlo prestado.

Bill Gates

La información es poder.

Donald Trump

Solo trabajo con los mejores, no se trata de los mejores curriculums sino de la actitud correcta.

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martes, 15 de diciembre de 2015

La tormenta perfecta:

Escuché la leyenda y conocí sus protagonistas, pero no lo podía creer, pensé que eran leyendas urbanas… 

Pero no fue así, existe y estuve en una.

La tormenta perfecta cuando todos los problemas que una joven empresa puede tener se junta al mismo tiempo y ponen a prueba nuestra templanza, paciencia, conocimiento y sobre todo fuerza de voluntad.


Todo comienza sin darte cuenta, un problema típico del día a día llega e inmediatamente nos ponemos a resolverlo de pronto emerge un nuevo problema, todo normal hasta el momento pero de pronto te giras y te das cuenta que algo no va bien y cuando intentas priorizar problemas lo ves, estás en la tormenta y todos los problemas son A1 no hay uno que no sea prioridad resolverlo y los ejes que mueven tu empresa se detienen, el colapso es inminente y tu cerebro no puede más.

Quizás leer estas líneas te parezca una película de terror, pero para los emprendedores que lo han vivido tiene mucho sentido y ahora yo también comparto el sentimiento.

Emprender es una aventura que no podría dejar y cada día me enamoró más de ella, pero te pondrá a prueba una y otra vez, me gustaría expresar en estas líneas lo que se puede hacer para superar la tormenta perfecta pero es una receta que no tengo y que cada uno de los emprendedores deberá averiguar, creo que el ingrediente universal es creer en nosotros y en nuestra idea.

Me alegra decir que al final vi la luz,  pero en el horizonte se que vendrá otra tormenta y lejos de sentirme desmotivado ya levantó la bandera de guerra para enfrentarme a ella…

Emprendedores adelante. ..

viernes, 7 de marzo de 2014

Clientes ausentes:


Es el día que ningún emprendedor desea que llegue pero lo tendremos seguro y durante el año se repetirá en reiteradas ocasiones, ese día desesperante, lleno de angustia, miedo y depresión, había llegado por primera vez este año a mi joven empresa. 

Nadie nos llama, nadie visita nuestra web, nadie solicita nuestros servicio ¿Que podemos hacer? 

Frente al computador sin apenas movernos abrimos el navegador vemos el histórico, abrimos Facebook, cerramos Facebook, abrimos correo, cerramos correo, cerramos navegador y repetimos la secuencia, abrimos el navegador...

Nuestra cara lo refleja todo, qué podemos hacer, los clientes por el día de hoy pasan de nosotros, mientras nos comemos las uñas, nos arrancamos el pelo, simplemente nada ocurre.

Será un día ideal para hacer otro tipo de cosas, lo cual será realmente difícil con el cóctel de sentimientos negativos que tienen al ánimo por el piso, pero debemos intentar apartar lo malos pensamientos y simplemente aprovechar el tiempo, utilizándolo en hacer algo que tengamos pendiente, eso si, que sea una actividad que pueda ayudarnos a desviar la atención del día que estamos pasando.

Los días donde los clientes no llegan, es un perfecto momento para rescatar actividades que habíamos abandonado por falta de tiempo; escribir un libro, revisar fotos de amigos, comentar debates en linkedin, enviar un tweet o simplemente jugar con el móvil.

Recordemos que no siempre tendremos nuestro negocio lleno de clientes y más aún cuando apenas estamos comenzando, demos tiempo al tiempo y sigamos dando lo mejor de nosotros para que este sueño sea una realidad. 

Foto de http://submit.123rf.com/

sábado, 1 de marzo de 2014

Me centro en el problema:

Debería estar dentro del ABC básico del emprendedor y una lección más que aprendida, pero creo que conforme vamos avanzando en la aventura del emprendimiento olvidamos cosas que ya deberíamos dominar a la perfección.

Quizás ocurra porque nuestro camino hacia el éxito tiene muchas sorpresas, obstáculos tanto pequeños pero habituales como los grandes que llegan sin previo aviso. 

Frente a la gran tormenta, nuestra brújula pierde el norte y nos concentramos en ver el problema y no la solución. 

Allí esta ese gran problema y nosotros estupefactos frente a él, sin apenas movernos y con un dolor de cabeza que minuto a minuto gana terreno, nublando la poca lógica que nos quedaba, apenas sin pegar un ojo, llegas al nuevo día y la bestia (problema) continúa allí porque está decidida a dar la batalla hasta el final.

Pero la luz llega, porque gracias a la divina providencia no estamos solos y siempre contamos con alguien o algo que nos da esa bofetada o empujón cuando quedamos en shock, volvemos a la realidad y recordamos aquellas lecciones que nos enseñan siempre a ver más allá del problema, priorizar pensamientos y sobre todo confiar en nuestra capacidad.

Recordemos no hay problema que no tenga solución, pero si, un buen dolor de cabeza que nos pueda arruinar un bonito día. 

Foto de http://submit.123rf.com/